lunes, 14 de abril de 2008

Acomodarme en su torso


[...]"Vaya a saber porque sentí esa horrible presión en el pecho, tenía la intensidad de la culpa, lo agobiante de la tristeza y el frío interno del desconcierto. Era angustia, la cual pude contener mientras comíamos (aunque cada comentario de más parecía agrandar la congestión) hasta que un diálogo absurdo y sin sentido en la tv le abrió la puerta a una lágrima que no tardó en bajar. Como me suele pasar, mi cara húmeda pasó desapercibida.Me distraje mirándolo a el mientras veía la tele y yo recordaba algunas de las palabras que me había dicho la noche anterior. Parecía haberme calmado pero otro comentario rompió con mi comodidad y tuve la necesidad de levantarme y estallar. Así lo hice, esperé a cruzar el patio, entrar en nuestro cuarto y acomodarme en su torso donde perdí el ritmo de la respiración. Captaba poca de las palabras que salían de la radio, estaba tratando de desifrarme a mi misma. Resultó no ser necesario, el me ganó de mano, y fue el quien lo hizo. Decodificó cada acción durante la pasada semana, durante la cena buscando que podía hacerme llorar de esa manera tan acongojante. Halló su respuesta en la soledad que siento en mi casa mientras el no está.No le alcanzaban las palabras para consolarme, yo solo quería que me abrace con mucha fuerza para hacerme sentir que estaba ahí conmigo. Así lo hizo sumado al ruido de sus latidos que terminaron de tranquilizarme."




Ní·

Agradeciendole a Dios




Un día se me dio por ir a agradecerle a Dios por poner a ese hombre en mi camino.
-Buenas, disculpe, yo no tengo cita, y la verdad que no soy muy allegada al Señor, pero me vi en la necesidad de pasar por acá a hablar con el. ¿Usted cree que podría hablar con el?
San Pedro me dijo muy amablemente que tenía las puertas abiertas a las oficinas de Dios.Entre grandes puertas blancas me encontré con una dorada, que tenía como mínimo, el doble de mi altura.
Golpee antes de entrar, y como la puerta estaba entornada se abrió, pero por respeto y un poco de vergüenza no entré hasta que me dieran el permiso necesario. El cual llego con una voz grave pero que no aparentaba imposición.
-Adelante niña.
Con timidez di cuatro pasos, para acercarme al escritorio donde Dios apoyaba sus codos mientras el resto de su cuerpo descansaba en una silla que se veía muy reconfortante.
-Buenos días. Soy Anahí, y el motivo de mi interrupción es simplemente por agradecimiento.
-Desde ya que una joven con su mirada no puede interrumpirme jamás, y menos si su motivo es el agradecimiento, siéntese por favor, dígame… ¿agradecerme por qué?
-Hace un año usted puso a un hombre en mi camino, un hombre con las 6 letras que conlleva esa palabra y con las ocho que forman su nombre. Podría simplemente agradecerle por eso, pero me extiendo a que, con ese hombre, cree una relación de amistad muy profunda, y para cerrar el acto con un broche de oro puro, usted, hizo que ese hermoso y dulce hombre se fijara en mi, me quisiera, me deseara, me amara como me ama. Y vengo a decirle que gracias a esto, soy feliz.
-¡Por favor!
Exclamó el supremo uniendo sus manos.
-
No me atribuya esos hechos, yo no hice más que juntar sus destinos, soplar un poco de allí y otro poco de allá. Yo no hice más que eso, el resto lo hicieron ustedes con su amor.
-Pero por eso mismo es a lo que vengo a agradecer. Que nos halla unido y hecho
uno a la semejanza de lo que esperaba el otro.
-
Niña, muchos vaticinan que yo no me equivoco nunca, que todas mis obras tienen la perfección de un Picasso, que mis acciones se compara con una obra de Mozart. Pero se equivocan, no eh movido un dedo con la seguridad de que mi movimiento salga bien. Y no hay momento en que no recuerde los efectos de mis errores. Eh logrado progresos, y grandes aciertos mas eh unido caminos que desembocaron en guerras, eh afianzado manos, que terminaron en alianzas catastróficas. Algunos actos, tuvieron sus frutos positivos, pero tantos sin mi toque divino. Lo divino fue la manera en que supieron aprovechar la unión azarosa que les di. La manera en que supo tomarte con sus ojos y embelezarte con sus besos para completar el enamoramiento con sus palabras y sus movimientos.
-¿Entonces usted dice que nada fue estratégico? ¿No hubo hechizos de su parte, no hubo milagros?

- El milagro lo tenían ustedes adentro, estaba expectante a salir.
Me quedé realmente petrificada, algo tan hermoso no podía salir de nuestras acciones sola y simplemente, es como pensar en las pirámides hechas con la carencia de instrumental de los egipcios, el Taj Mahal, cosas tan perfectas como inexplicable su formación desde la mano del hombre.
-Muchas gracias igual Señor, por haberme cruzado con el. Yo no sabía si me iba a llegar el momento de AMAR, lo esperé, lo ansié, lo imaginé pero no lo sentí hasta que besé sus labios aquel 23, esa chispa adecuada de las que algunos sonetos hablan. Es tan real, tan certera y tan necesaria como el.
-
¿Fue válida la espera entonces?
-Si, fue completamente válida.
-
Yo no ilumino solo a los que me juran devoción todos los domingos sentados en un asiento de madera. A mi me gusta ver al mundo brillar, iluminado, pero no por mi, sino por la felicidad que expresan las sonrisas de los que saben aprovechar las oportunidades dadas por el destino.
-Gracias, una vez más…por dejarme aprovechar mi oportunidad.
-
Por eso si le acepto las gracias. De nada, y gracias por acercarse, no hacía falta.



Ní·