lunes, 14 de abril de 2008

Acomodarme en su torso


[...]"Vaya a saber porque sentí esa horrible presión en el pecho, tenía la intensidad de la culpa, lo agobiante de la tristeza y el frío interno del desconcierto. Era angustia, la cual pude contener mientras comíamos (aunque cada comentario de más parecía agrandar la congestión) hasta que un diálogo absurdo y sin sentido en la tv le abrió la puerta a una lágrima que no tardó en bajar. Como me suele pasar, mi cara húmeda pasó desapercibida.Me distraje mirándolo a el mientras veía la tele y yo recordaba algunas de las palabras que me había dicho la noche anterior. Parecía haberme calmado pero otro comentario rompió con mi comodidad y tuve la necesidad de levantarme y estallar. Así lo hice, esperé a cruzar el patio, entrar en nuestro cuarto y acomodarme en su torso donde perdí el ritmo de la respiración. Captaba poca de las palabras que salían de la radio, estaba tratando de desifrarme a mi misma. Resultó no ser necesario, el me ganó de mano, y fue el quien lo hizo. Decodificó cada acción durante la pasada semana, durante la cena buscando que podía hacerme llorar de esa manera tan acongojante. Halló su respuesta en la soledad que siento en mi casa mientras el no está.No le alcanzaban las palabras para consolarme, yo solo quería que me abrace con mucha fuerza para hacerme sentir que estaba ahí conmigo. Así lo hizo sumado al ruido de sus latidos que terminaron de tranquilizarme."




Ní·

No hay comentarios: