sábado, 4 de octubre de 2008

Primera Noche


Todavía recuerdo los momentos seguidos a los que me subí al auto. No voy a adornar la historia diciendo que el primer sol de ese domingo entibió nuestros cuerpos, ese momento fue perfecto así como fue y no amerita detalles inventados.
Hacía frío tal como hoy. Mientras nos besábamos no sentí el viento congelado, quizá era mi suéter verde, quizá eran tus brazos, quizá era que no le prestaba atención a nada que no fueses vos.
Ciertamente empecé a tiritar cuando arrancamos camino a casa. Así como el frío, cayeron sobre mí decenas de pensamientos, ninguno era lo demasiado conflictivo como para no hablarte. Le tenía al silencio de la duda, por eso apelé a mi inventiva y te advertí que en el hecho de besarnos te habría pasado un cóctel de gérmenes con tendencia al resfrío.
Así fue (como hace una semana ya instalados los seis meses de habernos dado ese beso) te contagié. Esos días de frío me protegía tu buzo al igual que hoy, pero esta vez la gripe se nos fue de las manos. Como otras cosas que nunca quise controlar, como la manera de amarte y necesitarte que avanzó con fuerza desde esos momentos seguidos a los que me subí al auto, pero a cambio de la gripe, lo que siento por vos no tiene remedio.





Ní·

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